EUROPA Y SU SEQUÍA
"EN PLAN DE AHORRO"
Europa es un continente muy grande y como ello tiene muchos países y desarrollados pero ese no es el punto, el puntos es que los ríos y las lagunas de Europa no están dando para mantener a todos los que viven allí
El agua es vida, conserva los ecosistemas y regula el clima. Pero es también un recurso finito, y la cantidad de agua dulce a la que puede accederse para el uso directo de los seres humanos representa menos del 1 % de la que existe en el planeta. Europa tiene que aprender el valor de uno de sus más preciados, y sin embargo escasos, recursos. La competencia por el agua plantea un riesgo cada vez mayor para la economía, para las comunidades y para los ecosistemas de los que estas dependen. Si el cambio climático sigue elevando las temperaturas medias de Europa, cabe esperar que la escasez de agua se agudice todavía más en muchas de sus regiones. Es, pues, esencial encontrar soluciones que permitan proteger este recurso. Por sequía se entiende una disminución temporal de las disponibilidades de agua que tiene lugar, por ejemplo, cuando deja de llover durante un tiempo prolongado.
La escasez de agua, por su parte, se produce cuando la demanda de este bien supera los recursos de los que puede disponerse de forma sostenible. Se trata de un problema que debemos aprender a prevenir. Teniendo en cuenta que uno de los requisitos indispensables para el progreso económico y social es poder contar con un suministro adecuado de agua de buena calidad, tenemos que hacer dos cosas: aprender a ahorrar agua y gestionar de forma más eficiente los recursos de los que disponemos.
Europa está agotando sus recursos hídricos esenciales Aunque Europa no sea un continente árido, el suministro de agua preocupa ahora a casi la mitad de la población de la Unión Europea (UE). El gráfico que figura más abajo muestra la situación de cada Estado miembro. El índice de explotación del agua indica la proporción que la cantidad extraída cada año representa dentro del total de los recursos de agua dulce disponibles a largo plazo. Se trata de un indicador de la presión o del estrés que ejercemos sobre los recursos de agua dulce: cuando se sitúa por encima del 20 %, indica que el recurso hídrico está sometido a estrés, y, si su valor supera el 40 %, advierte de que el recurso sufre un grave estrés hídrico y un uso claramente insostenible.
Bélgica, Bulgaria, Chipre, España, Italia y Malta están consumiendo anualmente el 20 % o más de sus suministros a largo plazo. En el caso de Chipre, que ha atravesado un episodio de fuerte sequía, se ha consumido ya sobradamente más del 40 % de sus suministros renovables. La geografía y el clima de Europa hacen que el reparto del agua sea desigual dentro de la UE, y esta situación no hace más que empeorar por causa de la actividad humana. En el sur de Europa, por ejemplo, el desarrollo del turismo ha aumentado la demanda de agua, y esto ha traído como resultado fenómenos de desertificación y de salinización de acuíferos localizados en zonas costeras de agua dulce. Pero, aunque la escasez de agua sea más preocupante en las regiones del sur, ello no significa en modo alguno que este problema se limite a ellas: la mayor parte de los Estados miembros ha sufrido episodios de sequía desde 1976, y muchos de ellos informan ahora de frecuentes problemas de escasez de agua y de acuíferos sobre explotados.
España se encuentra inmersa en una situación de sequía. La última situación similar se prolongó entre los años 1990 y 1995, periodo en el que las lluvias entre los meses de octubre y mayo fueron, excepto en 1991-92, incluso superiores a las que se han registrado este año 2005.
El siguiente año hidrometeorológico fue muy lluvioso y puso fin a ese episodio de escasez de lluvias y déficit hídrico. En mayo de 1996, por ejemplo, las lluvias que se registraron en la península (72,5 litros por metro cuadrado) casi duplican las que se han registrado este año en el mismo mes.
